PROBIÓTICOS, ESOS AMABLES BICHITOS

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El término probiótico deriva del griego “a favor de la vida” y se concibe en contraposición al uso del antibiótico. La OMS define los probióticos como aquellos microorganismos vivos que administrados en  la cantidad adecuada proporcionan beneficios saludables al hospedador. En la actualidad, el estudio de las propiedades beneficiosas de los probióticos es un foco constante de investigación sobre sus efectos en el balance de la microbiota intestinal, su función inmunomoduladora, su actuación sobre el tubo digestivo, sistema cardiovascular, enfermedades de la piel, cáncer, tracto urogenital, alergias e incluso sistema nervioso.

Existen cerca de cuatrocientas especies de microorganismos identificados que viven en el colon, más los que están aún pendientes de reconocimiento y clasificación, los cuales se han dividido en dos grandes categorías, los beneficiosos (Bifidobacterium y Lactobacillus) y los perjudiciales (Enterobacterias y Clostridium).  Esta microbiota no la tenemos incorporada cuando nacemos, sino que la adquirimos. Primero el intestino es colonizado por las bacterias que le transfiere la madre al bebé y posteriormente, la flora intestinal continúa  desarrollándose a través de la ingesta de alimentos y del contacto con el exterior. Esta microbiota, encargada de estimular el sistema inmunitario y  formada por unos 100.000 millones de bacterias,  fluctúa a lo largo de toda la vida. Su cantidad en el intestino dependerá  de una serie de factores como son  la alimentación, el stress, los cambios hormonales, el uso de antibióticos y otros medicamentos, etc.

Los probióticos actúan positivamente en nuestro intestino a diferentes niveles:

  1. Estabilizan la composición de la flora microbiana
  2. Incrementan la resistencia de nuestro organismo frente a los microorganismos que causan enfermedades
  3. Mejoran activamente nuestras defensas
  4. Contribuyen a la síntesis de vitaminas y de enzimas

¿En qué casos estarían entonces indicados?

  1. Una patología digestiva o la toma de un antibiótico o un antifúngico, produce una disbiosis, un desequilibrio entre la flora patógena y la beneficiosa de nuestro intestino. Hay que tener en cuenta que el antibiótico mata todo, lo bueno y lo malo, por lo que la toma de probióticos beneficiosos es una actuación muy interesante ya que pueden prevenir la aparición o reducir la severidad de diarreas asociadas a la toma de los mismos, ayudando a recuperar el equilibrio de la flora intestinal
  2. En casos de diarreas agudas tanto en niños como en adultos, asociándolo siempre a una buena y correcta rehidratación oral
  3. Para prevenir y tratar enfermedades inflamatorias a nivel intestinal (colitis ulcerosa, síndrome de intestino irritable) o cutáneo (dermatitis atópica)
  4. Puede mejorar también la intolerancia a la lactosa de algunas personas, ayudando a la producción de lactasa
  5. Aliviar los trastornos digestivos como el estreñimiento, pesadez, gases, mal aliento

No todos los probióticos son iguales, ni todos sirven para la misma indicación, ni las dosis a tomar son las mismas. La forma más común de tomarlos es en productos lácteos y en alimentos fortificados. Pero si queremos algo mucho más específico existen suplementos en forma de cápsulas y sobres que contienen bacterias liofilizadas. Siempre deben  tomarse distanciados como  mínimo dos horas de la toma de un antibiótico.

Recuerda, en caso de duda sobre la toma de complementos alimenticios a base de probióticos, consulta a tu profesional sanitario.

 

Ana Sierra

 

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